En la vastedad de un cielo eterno,
donde el silencio parece envolverlo todo,
las estrellas brillan como faroles dorados,
testigos de un amor que late entre sombras.
El cosmos murmura secretos en su abismo tieso,
pero sólo tu voz rompe el eco del vacío.
Somos polvo y sueños tejidos por el destino,
fragmentos de eternidad encontrados en un átomo
anhelando que nuestras almas,
como estrellas errantes, se toquen para siempre.
En el infinito del tiempo y el espacio,
cada estrella parece susurrar tu nombre,
y su luz se entrelaza con la chispa de tus ojos.
La soledad se disipa cuando te piensa,
y bajo su manto queda un fuego inmortal,
un calor que brota de la magia de tu presencia.
Es el rastro de algo divino,
es la fuerza que nos une,
el reflejo eterno de lo que somos
cuando el universo nos mira riendo,
como si el amor fuera la respuesta
a todas las preguntas que nos hicimos.
Tal vez no estamos solos.
Tal vez las galaxias danzan al compás de lo que buscamos,
y cada estrella que nos rodea es un testigo,
una promesa de que el amor trasciende más allá de lo eterno.
Pero incluso si lo fuéramos,
si sólo existiéramos tú y yo en esta inmensidad,
sería suficiente para llenar cada rincón del cosmos.
Porque en ti, incluso la soledad es hermosa
Porque en el roce de tus manos,
el vacío encuentra sentido,
y el universo, inmenso y mudo,
parece pequeño cuando estas cerca.
(C) 2025 Marcos Maidana
04:24 am
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