En la vastedad de un cielo eterno, donde el silencio parece envolverlo todo, las estrellas brillan como faroles dorados, testigos de un amor que late entre sombras. El cosmos murmura secretos en su abismo tieso, pero sólo tu voz rompe el eco del vacío. Somos polvo y sueños tejidos por el destino, fragmentos de eternidad encontrados en un átomo anhelando que nuestras almas, como estrellas errantes, se toquen para siempre. En el infinito del tiempo y el espacio, cada estrella parece susurrar tu nombre, y su luz se entrelaza con la chispa de tus ojos. La soledad se disipa cuando te piensa, y bajo su manto queda un fuego inmortal, un calor que brota de la magia de tu presencia. Es el rastro de algo divino, es la fuerza que nos une, el reflejo eterno de lo que somos cuando el universo nos mira riendo, como si el amor fuera la respuesta a todas las preguntas que nos hicimos. Tal vez no estamos solos. Tal vez las galaxias danzan al compás de lo que buscamos, ...
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