Soledad

 Soledad se me sienta en la mesa,

pide vino y se queda a mi lado,

tiene voz de canción inconclusa

y perfume de amor olvidado.


Se disfraza de noche en mis ganas,

de pasiones que insisten en mi boca,

y me cuenta verdades tempranas

que la luz de tus ojos no toca.


Soledad no pregunta ni juzga,

me conoce mejor que el espejo,

sabe cuándo mi risa se arruga

y me deja hablando con el reflejo.


A veces me abraza despacio,

como quien no pretende quedarse,

y otras veces me rompe el espacio

con su forma brutal de nombrarte.


Soledad tiene algo de magia,

y de herida que nunca cicatriza,

es la sombra que siempre me aguarda

cuando el mundo me apaga la prisa.


Pero no es enemiga del todo,

ni verdugo con sed de condena,

es apenas un modo del modo

en que el alma se cuenta sus penas.


Y aunque a veces me gane la noche

y me escriba tu nombre en la herida,

sé que incluso en su caro derroche

me regala un poco de cielo y de vida.


(C) 2026




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